Amor y Cuidado: Grandes Cualidades para la Educación de Nuestros Hijos

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Quisiera comenzar este pequeño artículo con una anécdota que me sucedió hace varios años, cuando aún me encontraba estudiando mi licenciatura en psicología.
me encontraba caminando en la calle cuando de pronto me encontré a una vieja amiga mía que se disponía a cruzar la calle con sus dos hijos, la mayor de 6 años de edad y el menor de 4 años. Después de un entusiasta saludo, mi amiga se volteo con su hija mayor y le dijo:
– Vamos a cruzar la calle, por favor ayúdame con tu hermano, tu eres la grande y por eso debes de cuidar a tu hermano chiquito- la niña tomo de la mano a su hermano, obedeciendo las ordenes de su madre, y comenzó a cruzar cuidando de él, pero a mitad de la calle volteó a ver a su mamá y le preguntó:
– Oye mami, ¿y a mí quien me va a cuidar?

 

En los procesos formativos del ser humano, deben tenerse en cuenta los aspectos de carácter emocional. El aprendizaje es actividad, pero también es sentimiento. Yo no dudo que mi amiga quería enseñarle a su hija los deberes y responsabilidades que la vida otorga a cada ser humano con su prójimo, con sus padres, hermanos, amigos e hijos o hijas; sin embargo, al ser esto un acto que daba a la niña toda la responsabilidad del bienestar de su hermano, se convirtió, más que en una enseñanza, en un miedo adquirido y en un cuestionamiento sobre su propio bienestar.
Se ha comprobado que los niños que se sienten seguros y cuidados en todo momento por sus padres, despliegan con mayor facilidad y eficacia sus potencialidades.
La seguridad de los hijos, fundamentalmente deriva de la actividad y las actitudes que tengan sus padres. Los hijos buscaran siempre amparo en el cariño y en la comprensión de sus progenitores primero y del ambiente que le rodea, después. Los adultos, por su parte, han de comprender, que el pequeño necesita contar con ellos, “tenerlos a la mano”, no importa qué número de hijos sean o si tengan o no hermanos menores a ellos; necesitan sentir que sus padres los protegen y que están allí para apoyarlos y ayudarlos.
Esto no significa que los padres deban evitar cualquier exposición de riesgo o peligro a sus hijos, ni que estos sean sobreprotegidos, ya que esto, por su parte, supondría un entorpecimiento grave de su desarrollo.
La madurez psicológica de los padres se manifestará en los hijos en la capacidad de proporcionarles seguridad, pero también del hecho de estimular a los hijos una progresiva independencia y desvinculación cuando ello sea oportuno. Esto no hace referencia a que la independencia de un hijo se deba lograr a través de darle responsabilidades acerca de sus hermanos, sí pueden enseñarles a cuidarse y quererse entre si, pero no al extremo de “cuidar su vida o que no le pase nada” y menos a una edad tan corta.
Hay que educar para la libertad, para la autodeterminación, lo cual será perfectamente compatible con la constancia de los afectos.
Para poder desarrollar las propias iniciativas, los hijos requieren una seguridad básica fundamentada en el afecto de sus padres.

 

Por la Psic. Sofia Mann de Dayán
Citas: (0155) 5281-3085

 

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