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NEUROPEDIATRIA, CONDUCTY APRENDIZAJE

             Dr. Abraham Dayán Nahmad   Neurólogo Pediatra. 

MENTIRAS          

     Nadie espera que el niño de dos o tres años de edad sea veraz, la fantasía es parte de su personalidad, a tal extremo que la línea divisora entre lo real y ficticio le resulta bastante confusa; el de cinco o seis años de edad puede utilizar su fantasía contando seriamente los relatos más fantásticos a sus padres. El niño menor a seis años no capta íntegramente el concepto de responsabilidad, para él las cosas simplemente ocurren y no entiende hasta que punto está involucrado en ellas; por lo tanto no puede esperarse justicia y que sean 100% veraces y no mientan jamás. El peor error es conceptualizar su actitud como debilidad moral. Los padres deben de saber diferenciar esos relatos imaginarios de las mentiras que tienen el propósito de engañar. Hasta la edad de siete años está claro el significado de “verdad”.

            Aquello que es normal a cierta edad, no lo es en otra. Las mentiras por exageración se deben de considerar aparte de las que son utilizadas para engañar, no estando justificado el regaño en los relatos fantasiosos.

            Al menor de siete años es muy fácil asustarlo para que oculte la verdad. Si la amenaza del castigo se encuentra presente, su defensa natural será “yo no fui”, si le funciona, se sentirá aliviado ya que logró evitar el enojo de sus padres y además sentirá una sensación de gozo al darse cuenta que su mentira funcionó; y ese gozo paulatinamente hacerse un hábito. Entre mayor sea la amenaza y más riesgoso el ocultamiento, mayor será la satisfacción de salir impune. De ésta manera es que el pequeño continúa mintiendo.

            Hay ocasiones en que el engaño es descubierto y son los padres quienes anotan un par de nalgadas, pero la mayor parte del tiempo, el engaño funciona hasta el punto de confundir a los padres, de modo que en ese caso, el niño es quien anota el gol.

            Los adultos exageramos nuestros relatos en una conversación que no nos debemos sorprender que los hijos actúen de igual forma, además los hijos son atiborrados de relatos fantasiosos.

            Los padres aprueban en muchas ocasiones la deshonestidad del hijo y la evasión de problemas por medio del engaño.

            Un niño puede mentir para ganarse elogios, prestigio, ganar amigos, reforzando así su ego o escapando del enojo o castigo de sus padres, en especial cuando no tienen buen aprovechamiento escolar.

            Se debe reprimir cuando utilice la mentira para causarle un problema a otro.

Causas de la mentira:

            La mentira se origina de la falta de amor y seguridad en el hogar, de una disciplina estricta, de las fricciones domesticas, o del mal ejemplo de los padres de favorecer y defender la deshonestidad de su hijo, fundamentados en que su hijo actúa de tal manera debido a que es muy listo.

Tratamiento:

            El tratamiento dependerá de la causa. La inseguridad debe de tratarse adecuadamente; no se debe insistir en que diga la verdad cuando está mintiendo ya que no se retractará de lo que ha dicho.

            Los niños no deben sentir temor de sus padres que tenga que mentir para evitar las consecuencias; debe de saber que si hizo algo accidental, sus padres no se disgustarán tanto.

            En caso de robo y mentira, los castigos solamente hacen daño.

            Una forma de evitar las mentiras en un niño de tres años es envés de preguntarle algo que ustedes ya saben que hizo, declare con firmeza lo sucedido e impóngale la forma de remediar lo sucedido.

            Cuando varios niños juegan y ocurre un acontecimiento, no vale la pena jugar a ¿ quien lo hizo?; los niños son expertos en designar al chivo expiatorio del grupo señalando al más pequeño del grupo o al que tiene un pasado más turbio; no se puede confiar en ellos como testigos fidedignos e imparciales. En caso que dos hermanos estén jugando, cuando se presente un suceso, deberá castigar a ambos. Si su hijo es parte de un grupo de amigos, deberá dirigir la lección de disciplina hacia su propio hijo.

            Las mentiras y ocultamientos son menos probables si no son sancionados con castigo físico como las nalgadas; Es preferible castigarlos retirando privilegios (bicicleta, jugar afuera...). Es cierto que con una nalgada invierte menos tiempo pero rara vez dan resultados perdurables.

            Castigue el acto y no le de importancia al ocultamiento. No prometa que si dice la verdad le irá mejor o se castigará doble si miente; ya que la solicitud de saber la verdad le indica al niño que usted espera que mienta.

            En niño que se porta mal, debe ser castigado de inmediato, no debe negociar o hacer concesiones que distraigan la atención de lo sucedido.  

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La información que se encuentra en www.cerebrito.com no debe de usarse como un sustituto a la atención médica y consejo de su pediatra. Es posible que existan variaciones en el tratamiento, que su pediatra o médico pueda recomendar, en base a hechos y circunstancias individuales.

Para mayor información contacte con el: Dr. Abraham Dayán Nahmad, Neurólogo Pediatra  Celular: 04455-5402-7030  Aristóteles # 68, Col. Polanco, C.P. 11560, México D.F. Tel/Fax: (0155) 5281-3029  Hospital Angeles de las Lomas Consultorio 535, Vialidad de la Barranca Mz 2, Lt 1, Col. Valle de las Palmas, Huixquilucan, C.P. 52763, Estado de México, Tel/Fax: (0155) 5246-9533; 5246-9729 y 5246-9730 dayan@cerebrito.com Copyright © 2001 Ultima modificación: 15/03/2004 11:09:54 p.m.  visite: www.cerebrito.com